lunes, 19 de mayo de 2008



Recuerdos del Tefo


Ya no está Rafael Tufiño entre nosotros pero, para quienes le conocimos, es imperecedero el Tefo, Tefinski, Tefuki, nombres que solía alternar dependiendo del momento y la circunstancia. Pueden y deben escribirse volúmenes sobre este maestro de las artes plásticas (de Puerto Rico, de las Américas y del mundo) y más insigne maestro del amor, de la libertad y la fraternidad. Algunos no advirtieron sus grandes quilates intelectuales precisamente por su don de gente, campechano, accesible. Los que tuvimos oportunidad de verlo de cerca y por tiempo prolongado, supimos que para muchos fue maestro de vida.


Entendemos que resume los más relevantes temas que hoy confronta Nuestra América su linografía El Cortador de Caña, parte de La Estampa Puertorriqueña (1951), portafolios gráfico del Centro de Arte Puertorriqueño, el primero realizado en la Isla. Aquí comparto un breve intento de apreciación.

El Cortador de Caña de Rafael Tufiño

Si hiciera falta seleccionar un ejemplo del logro de los artistas del CAP en su objetivo de infundir nueva vitalidad al arte puertorriqueño, encontraríamos todos los elementos que definen ese acierto en una obra del primer portafolio, el Cortador de Caña de Rafael Tufiño, linóleo que cargó de nueva fuerza y significación el arquetipo del jíbaro, ícono de nuestra literatura y nuestras artes plásticas, emblema del partido de gobierno en aquellos tiempos y en éstos. Veamos los detalles:


La pava redonda al centro y en primer plano, más dinámica que la rueda en el emblema de Fomento Industrial, ya nos dice que éste trabajador cañero no es un campesino más, es un obrero de la industria del azúcar, poderoso y productivo. El curvo machete en alto, firme en el puño de la derecha, sigue el curvo movimiento del ala del sombrero, lleva la mirada hasta el puño izquierdo y abajo por la curva línea de la caña que hinca, como coa, el suelo. El efecto de aspas que giran en redondo da vida a este hombre sin rostro, que no es un individuo, es una multitud, un reconceptualizado símbolo del pueblo. La obra gira desde el sombrero, que es una rueda. Una rueda cuando gira, genera revoluciones, produce energía capaz de lograr transformaciones.


La imagen no es amenazante. Es, sencillamente, verdadera. Nuestros cañeros, en esa época, producían la riqueza del país. Sin embargo, el programa gubernamental de 1941 para el rescate de tierras en exceso de 500 acres, acaparadas mayormente por corporaciones azucareras ausentistas, había sido paralizado sin una razón válida ni una explicación pública como amargamente protestó el jurista Vicente Géigel Polanco en su Carta abierta a los Populares publicada en 1951, misma fecha del grabado.


Géigel, uno de los principales arquitectos del proyecto de carta magna que elaboró la Asamblea Constituyente ese año, también denunció el ascenso a 130,000 del número de obreros sin trabajo y reclamó un liderato con las manos libres de ataduras a los grandes intereses económicos. Ciertamente los trabajadores del campo que votaron en 1940, 44 y 48 por Pan, Tierra y Libertad, lo hicieron en apoyo de la prometida Reforma Agraria. Nunca fue su voluntad la emigración programada y masiva que, al cierre de la década, había desplazado 180,000 personas principalmente a Nueva York.


También en 1951, René Marqués publicó El Campo, primer acto de La Carreta, puntal de nuestro teatro moderno que plasmó la tragedia del destierro puertorriqueño del campo al arrabal capitalino y, de allí, a los arrabales urbanos y a los barracones de fincas en el norte. En la pieza, el llamado final de Doña Gabriela, recio símbolo de la Madre-Isla (la tierra eh sagrá, la tierra no se abandona...) es la vuelta a la tierra. En el Cortador de Caña, el hombre-motor-de-la-industria es el ícono de ese reclamo por tierra y trabajo. Tufiño capturó el espíritu de la contracultura en estos cortes que despedazaron las nociones de debilidad y atraso en otras imágenes del trabajador agrícola para, de una vez por todas, hacer justicia a la auténtica identidad boricua.


Hoy ya no tenemos industria del azúcar. Y se vuelve a hablar de una Asamblea Constituyente. El arquetipo del jíbaro sigue siendo inspiración de muchas de nuestras expresiones artísticas y sigue presente como carnada de estrategias políticas. Pero ya el jíbaro que llevamos dentro es distinto. El poderoso machetero de Tufiño nos abrió los ojos para ver que, en todo tiempo, la riqueza de nuestra tierra radica en la fuerza de los que la producen...nuestros trabajadores, nuestros artistas.



Notas:


Géigel Polanco, Vicente, Carta Abierta a los Populares, El Mundo, 9 de julio de 1951

El jurista Vicente Géigel Polanco, parte del equipo redactor del proyecto constitucional puertorriqueño, adoptó de una antigua Ordenanza del Noroeste de EE.UU. el término in the manner of a compact, precedente que incorporó al Preámbulo de la Ley de Relaciones Federales: reconociendo el principio de gobierno por consentimiento de los gobernados se aprueba esta Ley con el carácter de un convenio de manera que el Pueblo de Puerto Rico pueda organizar un gobierno basado en una Constitución adoptada por él mismo.


*El Cortador de Caña de Rafael Tufiño fue escrito para el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico. Más información sobre la fundación del CAP y el movimiento nacional en las artes gráficas aparece en Arte Contemporáneo de Puerto Rico, CD ROM editado por el MAC y en el sitio:

http://www.museocontemporaneopr.org/

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